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El futuro de la conducción autónoma

conducción autónoma

La conducción autónoma se encuentra en un momento decisivo para su evolución. Con sistemas como el Autopilot 2.0 de Tesla a pleno rendimiento o como los vehículos autónomos de Google Waymo que están ya en la calle en algunas ciudades de Estados Unidos a disposición de cualquier pasajero, cabe preguntarse dónde están los retos de este tipo de tecnologías. Principalmente, estos se centran en el aumento de la seguridad y en el desarrollo de software.

¿Qué sistemas requieren los coches autónomos?

El automóvil autónomo puede entenderse como un enorme ordenador con ruedas que se puede mover sin intervención humana y que está repleto de sensores para analizar el entorno. En ocasiones, estos vehículos parecen venir del ámbito de la ciencia ficción. Sin embargo, todos los mecanismos de ingeniería necesarios para su desarrollo existen en la actualidad. Son los siguientes:

  • Sensores ultrasónicos: Se usan para detectar objetos cercanos y ya se emplean en los sistemas de ayuda al aparcamiento de muchos vehículos.
  • Posicionamiento y navegación por satélite: Este tipo de tecnología es de sobra conocido por todo el que utiliza cualquier navegador GPS.
  • Herramientas de navegación inercial: Mediante diferentes aparatos, como los giroscopios, es posible conocer la dirección y velocidad del vehículo en todo momento.
  • Cámaras: Son muchos los vehículos que salen hoy de los concesionarios con cámaras para ayudar al aparcamiento, detectar objetos y peatones, y para eliminar los puntos muertos.
  • Infrarrojos: Estos sensores se emplean para localizar y situar objetos en condiciones de baja visibilidad. Por ejemplo, desde el 2000, el Cadillac DeVille usa esta tecnología para ofrecer visión nocturna.
  • Radar: Una herramienta básica para situar objetos cercanos en un radio de hasta 300 metros con mucha precisión.
  • LIDAR: Es un complemento al radar que utiliza láseres pulsados para situar objetos.

Básicamente, en lo que a hardware se refiere, estos son los principales sistemas que exige la conducción autónoma. De hecho, algunos de ellos ya están implementados en coches de casi todas las gamas que hay en el mercado.

Pero, para que haya un coche cien por cien autónomo y se generalice, es necesario disponer de sistemas de IA capaces de gestionar los datos y tomar decisiones generados por el hardware que aparece en el anterior listado. Ahí es donde se encuentra el reto para el futuro del pilotaje automático.

¿Qué se puede esperar de la conducción autónoma en los próximos diez años?

La automatización de la dirección es un proceso que lleva décadas en desarrollo. Herramientas tan simples hoy en día como el ESP o el ABS fueron las pioneras en este sentido. Sin embargo, no pasan de ser una ayuda para el conductor que en ningún caso puede despegar las manos del volante y desentenderse del control del vehículo.

Actualmente, los automóviles más avanzados se encuentran en un nivel denominado automatización condicional. En estos, se puede dar el control total del vehículo al sistema informático interno, aunque existen ciertos límites.

El principal hándicap para estos se encuentra en que el conductor debe supervisar en todo momento la marcha del coche. Tecnologías como la del Autopilot de Tesla, el mejor ejemplo de la automatización condicional, tiene serios problemas para enfrentarse a obstáculos como, por ejemplo, unas obras en la calzada. Por eso, el conductor debe estar siempre listo para asumir los mandos.

Por lo tanto, no se puede hablar todavía de automatización plena, nivel que es el futuro real de este tipo de sistemas. Un coche ADS es capaz de hacerse cargo de absolutamente todas las acciones de la conducción, incluyendo los imprevistos que pueden surgir en la carretera.

automatización en la conducción



Y no solo hay que tener en cuenta los obstáculos, sino también la posibilidad de circular por carreteras sin asfaltar, enfrentarse a condiciones climáticas complejas y cualquier otra acción a la que hay que responder cuando se pilota el coche. Este es el reto real al que el mundo de la ingeniería se enfrenta para poder llegar al auténtico coche autónomo.

Según los Servicios de Estudios del Parlamento Europeo y Comisión Europea, esto se podrá ver en 2030. Sin embargo, parece una fecha demasiado optimista para muchos de los expertos en ingeniería que trabajan en el sector.

Los principales retos para la evolución de los coches autónomos

Leer un libro mientras se viaja solo en un coche está más cerca que hace algunos años, pero el salto a esta situación no va a ser inmediato. Es cierto que hay muchas empresas que han empezado a trabajar en los avances necesarios para disponer de taxis o de camiones autónomos. Ahora bien, este tipo de vehículos no son medios de transporte privados y no se enfrentan a los mismos retos que estos. Los siguientes son los aspectos clave del trabajo que queda por hacer.

Control automatizado del vehículo

El software empleado en la actualidad tiene muchas limitaciones en el tratamiento de situaciones imprevistas en la carretera. Por ello, los principales desarrolladores están usando algoritmos basados en machine learning para entrenar a las aplicaciones que finalmente se hagan cargo de la conducción.

Es algo complicado y los errores no dejan de sucederse por el camino, lo que ha traído ya algunos atrasos en los progresos anunciados previamente.

Seguridad

El tema de la seguridad es un aspecto que inquieta tanto a las autoridades como al público en general. La dirección autónoma promete reducir los accidentes, ya que un 98 % de ellos están relacionados con fallos humanos.

En cuanto a la normativa UNECE R157 la UE tiene directrices que están en la dirección del desarrollo de estas tecnologías, en línea con la seguridad y responsabilidad.

No hay duda sobre los progresos llevados a cabo por los sistemas de conducción autónoma en los últimos años. No obstante, ha quedado claro que queda bastante para ver un coche cien por cien autónomo. Los sistemas informáticos que controlen el vehículo y analicen la información y algunos aspectos de seguridad son los grandes campos de batalla para los ingenieros volcados en la creación de vehículos que, pese a todo, cada vez están más cerca.

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